Capítulo 1
Mi padre trabajaba para la fábrica metalúrgica familiar,
en ella estaba empleada toda la familia. Según relatos de mi padre era un
hermoso ambiente laboral, mi abuelo era el dueño de la fábrica y tras su
fallecimiento vino la caída de la fábrica años después. La separación de bienes
fue la ruptura definitiva del lazo familiar. En el mismo año habían fallecido
mis dos abuelos y tras aquel episodio habían quedado al mando los hermanos
Estévez. La ambición del dinero llevó a mi tío Miguel a dejar a mi padre sin
trabajo, se apoderó de todo mediante certificados y abogados mediocres. En ese
entonces yo era apenas un bebé, no llegué a conocer a mis abuelos paternos, mi tío
Miguel apenas me había cargado en brazos cuando nací, por eso no lo recordaba.
Después estaba mi otro tío el menor de los Estévez que nació unos años antes
que yo, mis abuelos lo habían tenido de grande, mi tío Miguel se hizo cargo de
él cuando fallecieron mis abuelos. Nunca se habló en casa de él, mi padre
eliminó toda fotografía familiar, solo conservó la de sus padres. Sus hermanos
nunca existieron para mi padre, albergaba un gran dolor cuando por esas
casualidades de la vida se los recordaba, por esa misma razón para mí no
existía, al igual que Miguel después de lo que le hizo a la familia.
Cuando tenía diez años tuve que afrontar una realidad muy
dura. Mi infancia no estuvo llena de
lujos, pero tampoco estaba llena de privacidades. Estudiaba en un buen colegio,
tenía buena ropa y juguetes. Pero siempre tenía la enseñanza del valor de
cuidar cada cosa que se compraba. Con palabras cuidadas mis padres me hablaron
de la falta de dinero y los ajustes que la familia debía realizar en todos los
aspectos, desde entonces el sacrificio formó parte de mi vida.
A los diecinueve años había terminado el colegio con un
gran sacrificio por parte de mis padres, lamentablemente no tuve la oportunidad
de seguir una carrera terciaria, pero no perdía las esperanzas, anhelaba saber
idiomas, trabajar con mucha gente de todo el mundo, conocer culturas nuevas. Pero
bueno comencé a trabajar de camarera en un importante restaurante de Buenos
Aires, la gran ciudad era para mí un lugar lleno de posibilidades, pero a su
vez era una agobiante agonía vivir en ella. Fue un año de mucho esfuerzo y
trabajo, tenía que ayudar a pagar las cuentas de la casa y mantenerme por sobre
todas las cosas. Después de trabajar algunos meses me permití pagarme un curso
de inglés, fue un debate muy duro en mi familia, ya que el dinero nos era de
mucha falta, mis padres me alentaron a seguir estudiando, eternamente
agradecida les estoy. Quisiera ser libre en pensamientos y responsabilidades,
como mis amigas, que no cargaban con ninguna responsabilidad, solo se dedicaban
a planear las anheladas vacaciones de verano. Desde a mediados de año que decidí
permitirme tener mi primer verano, trabajé muy duro y cada propina que recibía
de los clientes del restaurante iba destinada a mi alcancía.
Cada domingo por la tarde me reunía con mi grupo de
amigas: Brenda, Camila y Oriana. Todas ellas de buena posición económica, como
lo era yo cuando nos habíamos conocido, a pesar del gran cambio que había
transcurrido a lo largo de los años, mis amigas nunca me dejaron de lado,
siempre tuve el apoyo de todas ellas. Los meses se acortaban como si fueran
suspiros y en nuestras charlas de amigas no faltaban los comentarios de la
llegada del verano, las salidas nocturnas, los paseos peatonales, el mar y
todas aquellas fantasías juveniles. Soñaba con todas ellas, a veces cuando
arrancar mi día laboral era un martirio pensaba en el mar, en que nunca lo
había conocido, a pesar de que tuve viajes cuando eran buenos tiempos para la
familia, pero nunca fuimos al mar, entonces borraba todo ese mal humor. Había
días que llegaba tan cansada del trabajo que me desplomaba en mi cama con ropa
y todo, especialmente los fines de semana, mis francos no eran malos, me daban
uno durante la semana y luego un domingo de por medio. Camila siempre me
reprochaba por mi falta de interés al momento de reunirnos para salir, ya sea a
bailar a un bar. Poco comprendía de mi vida sacrificada y de las horas que me
pasaba trabajando y del estrés que eso me causaba. Oriana es una persona
despreocupada de la vida, todo estaba bien para ella, ama su vida y así misma,
su contextura física es apenas voluminosa con un rostro hermoso y unos ojos
azules enormes, los chicos caen hipnotizados con su mirada, su cabello es largo
y rubio como el mío y ama a los animales. Camila es una chica delgada sin
curvas, su cabello es castaño ondulado y tiene un estilo elegante de ser. Sabe
combinar a la perfección la ropa y los accesorios, es fría y calculadora, le
cuesta demostrar sus emociones pero la quiero así como es. Creo que si hubiera
un leve cambio en ella, ya no sería Camila, mi amiga. Brenda es mi mejor
aliada, creo que en un grupo de amigas siempre va a ver alguien con quien te
lleves mejor. Brenda es audaz, caritativa y a pesar de su buena posición
económica, trabaja en la joyería de su abuelo. Es delgada y la más alta de
todas, cabello castaño largo y su sonrisa permite que se le formen los hoyuelos
que la hacen una chica sumamente dulce.
Había entrado el mes de diciembre, con el los primeros
calores, los anhelos navideños estaban inundando a las personas, los
preparativos, las reuniones familiares, las disputas entre mujeres de a quien
le toca hacer la comida, las ensaladas y los postres. Había recibido una
hermosa canasta navideña en el restaurante, estaba deseosa por llegar a mi casa
para mostrarle a mi familia. Con las fiestas mi padre recuerda siempre a su familia,
a mis abuelos que ya no están más, y sus hermanos, a pesar del gran mal que le
hicieron los extrañaba, trata de disimular su tristeza pero yo sabía
perfectamente por lo que estaba pasando.
-¿Qué ocurre papá? ¿No te ha gustado la canasta?
No había razón para mentir.
-No cariño, no es eso, solo que…las fiestas me recuerdan
a mi familia.
Mis ojos entristecieron en un parpadeo, recordaba que mis
abuelos paternos habían muerto hacia años atrás y sus tíos nunca aparecieron en
la familia.
-Entiendo papá, pero ahora tu familia somos nosotros, y
vamos a estar siempre que nos necesites.
-Lo se hija, lo sé- tomó a Jazmín en sus brazos y le dio
un tierno beso en su cabeza.
Habían pasado las fiestas, la familia estaba unida y
todos aquella noche, desearon un nuevo año llenos de cambios positivos.
Contaba los días para
dejar el trabajo y llenarme de sol, playa, amigas y por qué no chicos. Mi último novio me había dejado tiempo después de
que empecé a trabajar como camarera, después de la ruptura en una ocasión y sin querer lo había escuchado decir frente
a sus amigos, que no soportaba salir con la pobretona del grupo, yo le daba
lástima. En ese momento en que me había dejado
sentí que la mitad de mi corazón se había caído al suelo, pero al
escuchar aquel comentario, la otra mitad se rompió en mil pedazos. El amor en
tiempos adolescentes pueden llegar a ser de vida o muerte, se transcurren por
sentimientos tan fuertes que no caes en la realidad de que la vida recién
comienza. Cada tanto esos pensamientos me acaparan, por suerte recibí el mensaje
de texto de Oriana, que me informaba que mañana había reunión en su casa para
detallar los últimos preparativos del viaje.
Espero que les guste...
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