miércoles, 27 de julio de 2016

                             Capítulo 1


Mi padre trabajaba para la fábrica metalúrgica familiar, en ella estaba empleada toda la familia. Según relatos de mi padre era un hermoso ambiente laboral, mi abuelo era el dueño de la fábrica y tras su fallecimiento vino la caída de la fábrica años después. La separación de bienes fue la ruptura definitiva del lazo familiar. En el mismo año habían fallecido mis dos abuelos y tras aquel episodio habían quedado al mando los hermanos Estévez. La ambición del dinero llevó a mi tío Miguel a dejar a mi padre sin trabajo, se apoderó de todo mediante certificados y abogados mediocres. En ese entonces yo era apenas un bebé, no llegué a conocer a mis abuelos paternos, mi tío Miguel apenas me había cargado en brazos cuando nací, por eso no lo recordaba. Después estaba mi otro tío el menor de los Estévez que nació unos años antes que yo, mis abuelos lo habían tenido de grande, mi tío Miguel se hizo cargo de él cuando fallecieron mis abuelos. Nunca se habló en casa de él, mi padre eliminó toda fotografía familiar, solo conservó la de sus padres. Sus hermanos nunca existieron para mi padre, albergaba un gran dolor cuando por esas casualidades de la vida se los recordaba, por esa misma razón para mí no existía, al igual que Miguel después de lo que le hizo a la familia.
Cuando tenía diez años tuve que afrontar una realidad muy dura. Mi  infancia no estuvo llena de lujos, pero tampoco estaba llena de privacidades. Estudiaba en un buen colegio, tenía buena ropa y juguetes. Pero siempre tenía la enseñanza del valor de cuidar cada cosa que se compraba. Con palabras cuidadas mis padres me hablaron de la falta de dinero y los ajustes que la familia debía realizar en todos los aspectos, desde entonces el sacrificio formó parte de mi vida.

A los diecinueve años había terminado el colegio con un gran sacrificio por parte de mis padres, lamentablemente no tuve la oportunidad de seguir una carrera terciaria, pero no perdía las esperanzas, anhelaba saber idiomas, trabajar con mucha gente de todo el mundo, conocer culturas nuevas. Pero bueno comencé a trabajar de camarera en un importante restaurante de Buenos Aires, la gran ciudad era para mí un lugar lleno de posibilidades, pero a su vez era una agobiante agonía vivir en ella. Fue un año de mucho esfuerzo y trabajo, tenía que ayudar a pagar las cuentas de la casa y mantenerme por sobre todas las cosas. Después de trabajar algunos meses me permití pagarme un curso de inglés, fue un debate muy duro en mi familia, ya que el dinero nos era de mucha falta, mis padres me alentaron a seguir estudiando, eternamente agradecida les estoy. Quisiera ser libre en pensamientos y responsabilidades, como mis amigas, que no cargaban con ninguna responsabilidad, solo se dedicaban a planear las anheladas vacaciones de verano. Desde a mediados de año que decidí permitirme tener mi primer verano, trabajé muy duro y cada propina que recibía de los clientes del restaurante iba destinada a mi alcancía.
Cada domingo por la tarde me reunía con mi grupo de amigas: Brenda, Camila y Oriana. Todas ellas de buena posición económica, como lo era yo cuando nos habíamos conocido, a pesar del gran cambio que había transcurrido a lo largo de los años, mis amigas nunca me dejaron de lado, siempre tuve el apoyo de todas ellas. Los meses se acortaban como si fueran suspiros y en nuestras charlas de amigas no faltaban los comentarios de la llegada del verano, las salidas nocturnas, los paseos peatonales, el mar y todas aquellas fantasías juveniles. Soñaba con todas ellas, a veces cuando arrancar mi día laboral era un martirio pensaba en el mar, en que nunca lo había conocido, a pesar de que tuve viajes cuando eran buenos tiempos para la familia, pero nunca fuimos al mar, entonces borraba todo ese mal humor. Había días que llegaba tan cansada del trabajo que me desplomaba en mi cama con ropa y todo, especialmente los fines de semana, mis francos no eran malos, me daban uno durante la semana y luego un domingo de por medio. Camila siempre me reprochaba por mi falta de interés al momento de reunirnos para salir, ya sea a bailar a un bar. Poco comprendía de mi vida sacrificada y de las horas que me pasaba trabajando y del estrés que eso me causaba. Oriana es una persona despreocupada de la vida, todo estaba bien para ella, ama su vida y así misma, su contextura física es apenas voluminosa con un rostro hermoso y unos ojos azules enormes, los chicos caen hipnotizados con su mirada, su cabello es largo y rubio como el mío y ama a los animales. Camila es una chica delgada sin curvas, su cabello es castaño ondulado y tiene un estilo elegante de ser. Sabe combinar a la perfección la ropa y los accesorios, es fría y calculadora, le cuesta demostrar sus emociones pero la quiero así como es. Creo que si hubiera un leve cambio en ella, ya no sería Camila, mi amiga. Brenda es mi mejor aliada, creo que en un grupo de amigas siempre va a ver alguien con quien te lleves mejor. Brenda es audaz, caritativa y a pesar de su buena posición económica, trabaja en la joyería de su abuelo. Es delgada y la más alta de todas, cabello castaño largo y su sonrisa permite que se le formen los hoyuelos que la hacen una chica sumamente dulce.

Había entrado el mes de diciembre, con el los primeros calores, los anhelos navideños estaban inundando a las personas, los preparativos, las reuniones familiares, las disputas entre mujeres de a quien le toca hacer la comida, las ensaladas y los postres. Había recibido una hermosa canasta navideña en el restaurante, estaba deseosa por llegar a mi casa para mostrarle a mi familia. Con las fiestas mi padre recuerda siempre a su familia, a mis abuelos que ya no están más, y sus hermanos, a pesar del gran mal que le hicieron los extrañaba, trata de disimular su tristeza pero yo sabía perfectamente por lo que estaba pasando.
-¿Qué ocurre papá? ¿No te ha gustado la canasta?
No había razón para mentir.
-No cariño, no es eso, solo que…las fiestas me recuerdan a mi familia.
Mis ojos entristecieron en un parpadeo, recordaba que mis abuelos paternos habían muerto hacia años atrás y sus tíos nunca aparecieron en la familia.
-Entiendo papá, pero ahora tu familia somos nosotros, y vamos a estar siempre que nos necesites.
-Lo se hija, lo sé- tomó a Jazmín en sus brazos y le dio un tierno beso en su cabeza.


Habían pasado las fiestas, la familia estaba unida y todos aquella noche, desearon un nuevo año llenos de cambios positivos. 

 Contaba los días para dejar el trabajo y llenarme de sol, playa, amigas y por qué no chicos. Mi  último novio me había dejado tiempo después de que empecé a trabajar como camarera, después de la ruptura en una ocasión  y sin querer lo había escuchado decir frente a sus amigos, que no soportaba salir con la pobretona del grupo, yo le daba lástima. En ese momento en que me había dejado  sentí que la mitad de mi corazón se había caído al suelo, pero al escuchar aquel comentario, la otra mitad se rompió en mil pedazos. El amor en tiempos adolescentes pueden llegar a ser de vida o muerte, se transcurren por sentimientos tan fuertes que no caes en la realidad de que la vida recién comienza. Cada tanto esos pensamientos me acaparan, por suerte recibí el mensaje de texto de Oriana, que me informaba que mañana había reunión en su casa para detallar los últimos preparativos del viaje.

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